
Era la una de la madrugada en Las Palmas de Gran Canaria y Dani Senay- artista venezolano había perdido la guagua otra vez. Salía del turno de Starbucks con el tiempo justo, y como le pasaba muchas más veces de lo que le gustaría admitir, Dani perdió el bus. El siguiente no pasaba hasta las cuatro o cinco de la madrugada. Lo que lo único que podía hacer es sentarse en un banco frente al McDonald’s, robarse el wifi del local y ver Netflix.
En un banco de Triana se vió la serie entera de Peaky Blinders, cada episodio, cada temporada. Junto a un vagabundo que él cuenta haberse hecho amigo de él. “Ahorita te lo cuento riendo”, dice Dani hoy día. “Pero en ese momento había días que la pasaba mal. ¿Qué hago yo aquí? ¿Qué está pasando con mi vida? ¿Hacia dónde voy a ir?”.
Hoy, Dani Senay vive en Madrid, cumpliendo su sueño, escribiendo canciones que llegan a los corazones de sus fans, dando conciertos, pero siempre recordando a ese chico del banco.
La diáspora de primera mano

En el mundo, la migración es una realidad importante para muchas personas y la diáspora venezolana es un gran ejemplo de esto. Tomás Páez, profesor de la Universidad Central de Venezuela y coordinador del Observatorio de la Diáspora Venezolana, ofrece una visión clara de las experiencias de los venezolanos que han tenido que dejar su país en busca de nuevas oportunidades.
Tomás es una evidencia que la migración no tiene una sola causa. Para muchas familias, como la suya, la razón de salir de Venezuela fue por el resultado de años de inseguridad y problemas en el país. Su hija menor fue la primera en alarmarse y salir de él con su madre, Tomás pasaba mucho tiempo en Venezuela, sin embargo, la gran inseguridad y teniendo a su familia instalada en España, decidió que era el momento de irse por completo.
Uno de los puntos más relevantes, es porque España se ha convertido en uno de los principales destinos de la diáspora. Históricamente hay una conexión intensa entre los dos países, comenzando desde la llegada de Cristóbal Colón a Venezuela, hasta la migración de los españoles a Venezuela en los años 40 y 50. Esto crea lazos familiares y culturales que hacen que la adaptación sea más fácil. Por lo que reconstruir una vida en un país que se asemeja a Venezuela, ayuda de sobremanera.
Páez también destaca el increíble trabajo que están haciendo los venezolanos fuera del país, actualmente existen más de 1.500 organizaciones en todo el mundo que apoyan a Venezuela desde el exterior. “No necesito volver físicamente a mi país para ayudar” dice Tomás, esta ayuda está tanto en la educación y la cultura, como en la propia comunicación. El tema de la vuelta a Venezuela es complicado, hay quienes vuelven y quienes deciden asentarse en otro país y ayudar desde allí.
Tomás relata una historia de un joven que estaba en un albergue en España, a pesar de tener una casa en Venezuela, le preguntó qué hacía él en un albergue si tenía una casa allí. Su respuesta fue: “por qué yo aquí voy a salir”, eligiendo la libertad. Sin embargo, el hecho de haber sido una sociedad que acogió muchas nacionalidades, el joven se crió entre diferentes culturas y le resulta mucho más fácil adaptarse.
Él, como muchos venezolanos, crecieron al lado de un libanés, un chino, un argentino, un portugués.
El tema del gobierno español también ha sido relevante en la entrevista al experto sobre la diáspora, según comenta, las autoridades españolas han sido comprensivas en el trato a los inmigrantes venezolanos, han entendido la crisis que vive Venezuela. Desde la época del ex- presidente español Mariano Rajoy empieza a dispararse la diáspora; y Páez está contento con la gestión del gobierno español durante su presidencia. En cambio, cuenta cómo el gobierno de Pedro Sánchez también ha sido comprensivo, sin embargo, considera que se han beneficiado del régimen venezolano. Incluyendo al ex-presidente José Luis Rodríguez Zapatero, el tema de Plus Ultra y el tema del petróleo. Considerándolo un asunto todavía en desarrollo, pero con un ligero rechazo.
En general la diáspora venezolana está en constante cambio, las historias de los inmigrantes demuestran que hay esperanza. Tomás Páez y su equipo están trabajando para entender y dar voz a todas las experiencias. El futuro de Venezuela sigue en desarrollo y a medida que el país va experimentando retos difíciles, el talento y la cultura de los venezolanos pueden llevar a cabo una reconstrucción de Venezuela por todo lo alto. Escuchar estas historias es importante para entender este fenómeno y su impacto tanto en el país como en el resto del mundo.
La llegada a España
Angélica Reinosa tenía un plan. Si en un año de haber llegado a España no había retomado sus estudios en periodismo, se devolvería a Venezuela, a pesar de haber vivido una experiencia traumática que la llevara a ella y su familia a emigrar. Sin embargo, se lo prometió en mayo de 2017 cuando aterrizaba en Barajas.
“Tenía muy claro que quería estudiar periodismo… desde los ocho años lo sabía.”
En 2017, tal y como argumenta Tomás Páez, durante la presidencia de Rajoy empezó a experimentar un crecimiento drástico de inmigrantes venezolanos por la crisis humanitaria que amenazaba en ese año. El Instituto Nacional de Estadística reportó como la inmigración de venezolanos a España incrementó en 45,376 personas durante el primer trimestre de 2017.
“Soñaba con ser periodista en mi país y eso no era posible. Poder cumplir mi sueño en otro país, pero al mismo tiempo revindicar todo lo que está pasando allí… me llena mucho.”
Un año después en 2018, Dani Senay llegó a Las Palmas de Gran Canaria junto a su hermano, sin contratos y sin conocer la industria musical española. “Partí desde un punto donde primero tienes que conocer el país, conocer la cultura, la región y donde estás”, recuerda Dani. Tocó puertas y muchas no fueron abiertas. Sin embargo, Dani reflexiona, “Gracias a Dios me tocó Canarias, que la gente es súper cercana, se parecen mucho a como somos en Venezuela y desde el minuto uno, nos abrazaron”.
Que Dani se sintiera tan abrazado por los canarios no es casualidad, ya que la historia pone a Venezuela y las Islas Canarias muy cerca. La historiadora Maye Primera Garcés explica que desde el siglo XVI hasta el siglo XX, la emigración canaria a Venezuela fue la más importante en el grado de mestizaje en cuanto a las comunidades que ocuparon el territorio venezolano. Tal como lo hacen los venezolanos hoy, los canarios emigraban cruzando el atlántico en busca de una mejor calidad de vida y tierra para trabajar, ya que en su mayoría se trataba de campesinos. En 1831, el presidente venezolano José Antonio Páez promovió una ley que beneficiaba a los canarios al argumentar que su religión y costumbres significarían en una beneficiosa adaptación, asimismo se les ofrecían tierras, naturalización y subsidios para el traslado.
Hoy el acento canario es extremadamente similar al venezolano, ambos países heredaron palabras como “pana” para referirse a un amigo o “guagua” para aludir al autobus. No es que los canarios recibieran a inmigrantes venezolanos como Dani, sino que, por siglos eran los mismos y la isla los reconoce así.
Adaptarse, sin embargo, no siempre es sencillo a pesar de las similitudes con idioma y costumbres. También envuelve papeles, plazos y procesos burocráticos. Homologar un título venezolano universitario puede llegar a tardar años y muchos inmigrantes tienen que acceder a trabajos que no desenvolvían en su país por necesidad.
La comunidad como red
A medida que la diáspora incrementa en España, los venezolanos necesitan ayuda nada más llegar al país: papeles, legalización de documentos, etc. Por esa razón, hay asociaciones que ayudan con este tipo de trámites. Una de ellas es la Asociación Civil de venezolanos en España, fundada por Alberto Isaac Pérez Levy en 2013. En base a los perfiles de gente que él recibía, todos ellos habían planeado una inmigración ordenada, casi quirúrgica, de personas que habían planificado su salida y llegando con una meta clara. Doce años después, ese perfil de persona ya casi ni existe: la formación es más dispar y la proporción entre hombres y mujeres se ha equilibrado. Sin embargo, lo que ha cambiado es la situación con la que llegan.

«Tienen más dificultades ahora al llegar, a pesar de que hay más posibilidades de obtener papeles»
La OIM afirma que “A pesar de los avances en la regularización y el otorgamiento del estatus de refugiado a los venezolanos, un gran número de inmigrantes y refugiados no cuentan con documentos migratorios». «Con la consiguiente limitación de acceso a la protección social en algunos países.” Ahora las regularizaciones impulsadas por el gobierno español, en 2026 ya han beneficiado a más de 200.000 venezolanos, han abierto puertas legales que antes estaban cerradas. Aun así, un papel no es un contrato, y un contrato no siempre corresponde a lo que uno estudió. Ahí es donde entran asociaciones: para cubrir los vacíos que El Estado no puede.
Alberto Pérez destaca que todo trabajo dignifica, y esa capacidad de empezar de cero no es una derrota sino una demostración de carácter. No obstante, el problema no es el trabajo en sí, sino el choque de expectativas: muchos llegan pensando que la vida laboral en Europa significa un salto inmediato hacia arriba y ascensos rápidos, y se encuentran con que el ascensor tarda más de lo previsto en subir a la última planta.
«A lo mejor pensábamos que viniendo aquí no íbamos a trabajar tan duro. Aquí quizás hay que trabajar más duro que en Venezuela.»
Las asociaciones pueden amortiguar el golpe y que la integración sea más eficiente. Pueden decirle a alguien que lleva tres semanas en Madrid, desorientado y sin saber qué hacer, que lo que está viviendo es normal. Que otros lo han pasado antes. Que hay un camino.
Esa ruta, sin embargo, no siempre es recta, y uno de los obstáculos difíciles de esquivar es el que nadie menciona en los “folletos de bienvenida»: la xenofobia. Alberto y la asociación la abordan con una honestidad incómoda, desde el mejor sentido posible.
«Las mismas personas que yo he visto quejarse de xenofobia en España han ejercido la xenofobia en Venezuela con personas que vienen de otros países».
No lo dice para invalidar el dolor de nadie, sino para señalar algo que la comunidad rara vez se dice a sí misma: que los patrones de exclusión social viajan con ellos en esas dos maletas. Que quien llegó a Venezuela huyendo de algo y fue tratado con desprecio puede haberlo reproducido sin saberlo, y ahora lo recibe de vuelta. No hipocresía, sino falta de conciencia.
Desde la política a la cultura y el periodismo

Exiliado desde 2018, Julio Borges es una de las principales figuras de la oposición venezolana, líder del partido Primero Justicia. Fue presidente de la Asamblea Nacional y hoy continúa su trabajo político desde el extranjero, después de haber salido del país por la persecución del gobierno. Su trayectoria lo convierte en un ejemplo claro de cómo muchos líderes han tenido que reorganizarse fuera de Venezuela, manteniendo un vínculo directo con la situación del país y con la diáspora.
La diáspora venezolana no es solo gente que se fue del país por necesidad. También tiene hoy un papel político importante. Muchas personas en el extranjero siguen implicadas en lo que pasa en Venezuela y se organizan para intentar influir en su futuro. «Se trabaja desde afuera hacia adentro… se sigue trabajando tal cual 24 horas al día como si estuviéramos adentro.» En este contexto, Borges representa bien ese vínculo entre la comunidad en el exilio y la política. Su caso muestra cómo algunos líderes han tenido que salir del país, pero continúan trabajando desde fuera.
Explica que, debido a la persecución, muchos partidos políticos han sido debilitados o ilegalizados, lo que obligó a muchos dirigentes a irse. Aun así, asegura que siguen activos y en contacto con quienes están dentro de Venezuela, trabajando juntos. Para él, es importante no crear una división entre los que se quedaron y los que se fueron, porque todos forman parte del mismo esfuerzo.
Además, la diáspora también actúa a nivel internacional. Desde Europa, y especialmente desde España, los venezolanos intentan llamar la atención sobre lo que ocurre en su país y presionar a otros gobiernos. Borges cree que España podría hacer más y tener un papel más importante. «Ha sido un papel muy mediocre, honestamente… España debería tener una visión mucho más amplia e histórica de lo que es la relación con Hispanoamérica». Así, la diáspora no solo es consecuencia de la crisis, sino también una forma de seguir luchando desde fuera por el futuro de Venezuela.

Por otro lado, Angélica Reinosa cumple hoy su rol de dar voz a su país internacionalmente. “Sabían que yo era la única venezolana en la redacción”, menciona. Al principio los temas venezolanos le llegaban de forma esporádica: una pequeña manifestación en la Puerta del Sol pidiendo la renuncia de Maduro, o algún perfil destacado de la diáspora. Pero no fue hasta 2024 cuando cambió, “fue cuando comencé a hacer más temas sobre Venezuela”, “mis compañeros de internacional me pedían ayuda”, y resultó en la multiplicación de contactos dentro y fuera del territorio venezolano.
El momento más importante llegó en Oslo, durante la entrega del Premio Nobel de la Paz a María Corina Machado. “Ya teníamos el discurso y lo estábamos siguiendo, yo estaba escribiendo con estrés, mi jefe al lado, el enlace ya creado”, recuerda. “Y cuando empezaron las canciones, me temblaban las manos y estaba llorando y tenía que escribir y no podía”. Esa emoción, sin embargo, tiene un costo. Angélica menciona tener aún familia en Venezuela. Ha escrito sobre las conexiones del entorno de Diosdado Cabello actual ministro de Relaciones Interiores, Justicia y Paz. Ha ido a casa de sus familiares en España y luego ha publicado. “Eso te da un poco de miedo”, reconoce. Por eso todavía no se atreve a volver. “Todo lo que hice, sé que no podría haberlo hecho estando en Venezuela. O habría estado en la cárcel”.
Su distancia geográfica hace posible que Angélica pueda hacer posible informar sobre Venezuela. “Siento que es como mi grano de arena en todo lo que está pasando”, admite. “De alguna manera estoy contribuyendo a hacer historia”.
En la cultura, Dani Senay entiende que “te haces global reconociendo tu identidad local”, Dani explica que a pesar de haber tenido un mánager que quisiera que dejara atrás su identidad en su carrera, él se opuso. Dani aclara que “todos nos enamoramos, también se nos rompe el corazón, también tenemos problemas del día a día”, y que su identidad venezolana lejos de ser un obstáculo fue un puente en su carrera.
Hoy, varios años después de haber pasado madrugadas esperando “la guagua”, Dani llena salas y colabora con artistas de la industria como Woz Las Palmas o Dani Romero. Pero más allá del reconocimiento, Dani reflexiona que “cada venezolano lleva un pedacito de Venezuela con él. Toda la experiencia que hemos obtenido afuera, muchos venezolanos están esperando el momento para llevarla a Venezuela y construir esa Venezuela que podría haber sido. Incluso mejor de la que fue”.
La líder opositora María Corina Machado dirigió un discurso orientado a la diáspora venezolana defendiendo los mismos valores de Dani, los aprendizajes que cada venezolano llevará a Venezuela para la transición.
Obstáculos que no se ven
La cobertura mediática de Venezuela desde Madrid tiene un límite que Angélica conoce, “encontrar fuentes dentro del país dispuestas a hablar es casi imposible”, dice. “Muchos piden el anonimato o no estaban dispuestos a hablar directamente”, explica también que un militar llegó a darle una red social que ella desconocía para comunicarse sin dejar rastro.

Hablando del proceso migratorio, cuando se trata de hacer las cosas «con todas las de la ley» es donde entra Nathaly Alviarez. Llegó a España con una amplia y completa formación jurídica, experiencia profesional y una visión clara: convertir su propia experiencia migratoria en una herramienta de ayuda para otros. Hoy día, desde Madrid, Alviarez es directora general de VCA FIRM, trabaja de la mano con un equipo de abogados especializados en derecho migratorio, soluciones legales, consultoría estratégica y asesoría jurídica para particulares y empresas, en un contexto donde migrar no se trata de una decisión personal, sino que implica un desafío jurídico cada vez más complejo y al que, desafortunadamente no cualquiera puede acceder.
En una crisis impulsada por la política, economía y la humanidad a la que se ha enfrentado el país sudamericano. En este escenario, perfiles como el de Alviarez constatan una realidad menos visible: la de profesionales cualificados que no solo buscan estabilidad, sino también ejercer y aportar desde su especialización, y que además se percibe de una manera más directa al tratarse de su país de origen.
Alviarez dirige junto a su esposo, Amílcar Villavicencio, quien es el director del Departamento de Gestión de Negocios, una empresa con presencia tanto en España como en Venezuela. En este contexto ya explicado, su experiencia profesional no solo responde a una demanda creciente, sino también a un sistema migratorio en constante transformación y que además se sale de los patrones establecidos por años. Al hablar de los cambios recientes en la legislación española y su impacto en la población venezolana, Alviarez explica:
“España, desde 2018, reconoció la situación de los venezolanos como una crisis humanitaria, lo que permitió conceder residencias por razones excepcionales. Sin embargo, tras la reforma del reglamento de extranjería en mayo de 2025, el sistema se ha vuelto más estricto y organizado. Durante un tiempo, muchos solicitantes de asilo quedaron fuera de ciertos procesos de regularización, pero recientemente se ha abierto una nueva vía para facilitar la obtención de residencia y regularizar a quienes ya se encuentran en situación irregular”.
Debido a esto, señala que el objetivo de esta medida es reducir la informalidad y ordenar la llegada de los extranjeros, aunque también implicaría un cambio en el enfoque de cara al futuro:
“A partir de ahora, quien quiera venir a España tendrá que hacerlo con asesoramiento y con un plan migratorio claro, porque los requisitos son cada vez más específicos”. Sin embargo, la abogada hace hincapié en que el proceso no está exento de dificultades reconociendo que no todas las personas migrantes cuentan con las mismas herramientas para afrontar estos cambios. En esta misma línea, su trabajo también le ha permitido identificar los patrones dentro de la migración venezolana, alejándose de una visión más pragmática. Alviarez declara que el perfil más común de los inmigrantes con los que trabaja es el siguiente
“Principalmente un perfil profesional y también con inversores: médicos, ingenieros, abogados o personas que buscan emprender en España. Son personas que, en muchos casos, ya cuentan con formación universitaria y un proyecto claro”.
Algo que se sale de los “estereotipos” establecidos. Así como una gran parte de la población venezolana en Madrid se concentra en distritos como Salamanca, Retiro y Chamberí. Algo que además Alviarez confirmaba desde su experiencia. La abogada hace énfasis en que los perfiles varían, asistió también casos con historias más vulnerables y marcados por una grandísima ausencia de planificación y deficiencia económica.
“Hay personas que llegan sin un plan migratorio y recurren al asilo como primera opción, pero ese ha sid b trabajo que realizan radica en adaptar cada proceso a las características individuales del migrante: “Diseñamos la estrategia en base al perfil de cada persona. No todos los casos son iguales: puede ser alguien que quiera ejercer su profesión o alguien que quiera invertir y emprender en España”. Mencionaba también.
En un contexto cada vez más exigente, la experiencia de Alviarez refleja como a pesar de la idea que se tiene de los temas migratorios y lo común que se han vuelto, ha dejado también por otro lado de ser un proceso improvisado para convertirse en una decisión que requiere y además ellos sugieren, de una estrategia, información y acompañamiento. Su trabajo, más allá de tramites, explican a quienes llegan con miles de dudas.
En ese escenario, su mensaje es claro:
“Quien quiera venir a España tiene que organizarse y hacer una migración planificada”.
La nostalgia y la pregunta del regreso
Julio Borges insiste en que “no se fue un grupito pequeño de periodistas o activistas políticos, sino 9 millones de personas”, obligadas a salir por razones económicas, políticas o de violencia. En su caso, describe un proceso progresivo de persecución: vigilancia constante, personas siguiéndolo y grabándolo, además de acusaciones judiciales destinadas a fabricar cargos y llevarlo a prisión.»Hubo una decisión que yo tomé, siendo presidente de la Asamblea Nacional, que fue la de no firmar un acuerdo internacional que quería el gobierno de Maduro para legitimar las elecciones, y eso le descalabró a ellos todo el juego», declara Borges, a partir de ese momento, comenzaron las órdenes de arresto, su casa fue tomada y vaciada, y personas de su entorno también resultaron afectadas.
Para Borges, el exilio no es una elección, sino una ruptura profunda que define como “desarraigo”, una sensación real de haber sido arrancado de su vida. Sin embargo, insiste en que el regreso no depende solo del deseo de volver, sino de condiciones políticas claras: seguridad, libertad y un sistema democrático que funcione. Mientras eso no exista, el retorno seguirá siendo difícil. Aun así, considera que la diáspora podría aportar mucho al país si algún día regresa, no solo por su formación y experiencia, sino también por su voluntad de participar en la reconstrucción de Venezuela.
La diáspora venezolana es mucho más que un fenómeno migratorio: es una realidad difícil que atraviesa lo económico, lo social, y, sobre todo, lo emocional. A través de las voces recogidas en este reportaje, se ve cómo emigrar implica enfrentarse a la incertidumbre, a la distancia y al reto constante de reconstruir una vida desde cero. Sin embargo, también muestra la capacidad de los venezolanos en cuanto a la adaptación, la resiliencia y la fuerza de quienes, a pesar de las dificultades, logran salir adelante sin rendirse. La nostalgia por el país que se deja atrás les da la fuerza para avanzar y encontrar nuevas oportunidades. En este proceso, cada historia refleja una lucha, pero también una experiencia que conecta a millones de personas. Así, la diáspora no solo habla de la perdida, sino también de la transformación, de aprendizaje y de la búsqueda de un lugar al que poder llamar hogar.
Reportaje realizado por: Andrea Trejo, Estela Villanueva, Isabel Martín, Martina Pregliasco, Valery Solano