La profesionalización del circuito impulsa el deporte, pero jugadoras, entrenadores y nuevas generaciones coinciden en que todavía persisten diferencias en visibilidad, patrocinios y oportunidades

El pádel femenino atraviesa el momento de mayor crecimiento de su historia, aunque las protagonistas consideran que aún existen retos para alcanzar una igualdad plena. Fuente: Elaboración propia
Hace apenas una década, el pádel femenino ocupaba un espacio muy reducido dentro del panorama deportivo internacional. La mayoría de los torneos se disputaban en España, la repercusión mediática era limitada y el número de jugadoras que podían vivir exclusivamente de este deporte era muy reducido.
Hoy la situación es muy diferente.
La creación del circuito Premier Padel, impulsado por la Federación Internacional de Pádel (FIP), ha transformado la dimensión del deporte. El calendario se ha expandido por Europa, América, Asia y Oriente Medio; las competiciones se celebran en algunos de los escenarios deportivos más reconocidos del mundo y las retransmisiones llegan a millones de espectadores a través de televisión y plataformas digitales.
El crecimiento del pádel ya no se mide únicamente por el número de licencias o de jugadores aficionados. También se refleja en la profesionalización de las estructuras deportivas, la llegada de grandes patrocinadores, la internacionalización del calendario y el interés que despierta entre marcas e instituciones deportivas.
Sin embargo, este crecimiento plantea una pregunta que sigue generando debate dentro del propio circuito:
¿Ha evolucionado el reconocimiento del pádel femenino al mismo ritmo que su nivel deportivo?
Las cifras muestran un deporte en expansión, pero las entrevistas realizadas para este reportaje revelan que la percepción de quienes forman parte del circuito es mucho más compleja.
Mientras algunas jugadoras consideran que el pádel femenino es uno de los deportes que más ha avanzado en materia de igualdad durante los últimos años, otras creen que todavía existen diferencias importantes relacionadas con los patrocinios, la visibilidad, la programación de los partidos o la capacidad para generar ingresos.
El debate tampoco se limita a las jugadoras.
Entrenadores, jóvenes promesas y otros protagonistas del entorno del pádel ofrecen perspectivas diferentes sobre una realidad que continúa evolucionando temporada tras temporada.
Durante la realización de este reportaje se entrevistó a la jugadora profesional Jana Montes, a la joven promesa Nerea Gómez, al entrenador de Premier Padel Ángel González y al jugador Izan Ranera. A estas voces se suman las declaraciones realizadas por la número dos del mundo, Delfi Brea, durante la rueda de prensa del Italy Major, donde volvió a poner sobre la mesa una de las principales reivindicaciones del circuito femenino: la necesidad de aumentar la visibilidad y garantizar unas condiciones más igualitarias para las jugadoras.
Las entrevistas muestran un elemento común: nadie cuestiona el crecimiento del pádel femenino. La diferencia aparece al valorar si ese crecimiento está siendo suficiente para reducir las desigualdades que todavía perciben muchas de sus protagonistas.
En algunos casos, el discurso es optimista y pone el foco en los avances conseguidos durante los últimos años. En otros, las declaraciones reflejan una preocupación evidente por cuestiones económicas o por la diferencia de oportunidades respecto al circuito masculino.
Más allá de las opiniones individuales, todas las voces coinciden en una idea fundamental: el pádel femenino atraviesa un momento decisivo.
Las decisiones que adopten en los próximos años la Federación Internacional de Pádel, Premier Padel, los promotores de los torneos y las asociaciones de jugadores y jugadoras marcarán el rumbo de un deporte que aspira a consolidarse como uno de los grandes referentes del panorama internacional.
Este reportaje analiza ese proceso de transformación desde una doble perspectiva. Por un lado, el contexto que ha permitido la profesionalización del pádel femenino y su expansión internacional. Por otro, el testimonio directo de quienes viven esa evolución desde dentro del circuito y conocen de primera mano cuáles son los avances alcanzados y qué desafíos continúan pendientes.
Porque el pádel femenino ya no lucha únicamente por crecer.
Ahora también busca decidir cómo quiere crecer.
Del auge del pádel a un circuito global

Durante muchos años, el pádel fue considerado un deporte con un marcado carácter local. Aunque España y Argentina concentraban buena parte de los mejores jugadores del mundo, el crecimiento internacional avanzaba lentamente y la profesionalización del circuito todavía estaba lejos de la estructura que presentan deportes como el tenis.
Todo comenzó a cambiar en 2022.
Ese año nació Premier Padel, un circuito impulsado por la Federación Internacional de Pádel (FIP) y respaldado por Qatar Sports Investments (QSI) con un objetivo claro: convertir el pádel en un deporte verdaderamente global.
La transición no estuvo exenta de dificultades. Durante dos temporadas convivieron World Padel Tour, el circuito que había dominado el pádel profesional desde 2013, y Premier Padel. La coexistencia de ambos calendarios provocó tensiones entre jugadores, organizadores y promotores, hasta que en 2024 Premier Padel absorbió definitivamente la estructura de World Padel Tour y pasó a convertirse en el circuito oficial del pádel profesional.
El cambio fue mucho más profundo que un simple relevo organizativo.
La apuesta de Premier Padel permitió que el deporte llegara a escenarios icónicos como Roland Garros, el Foro Itálico de Roma, el Khalifa International Tennis Complex de Doha o el Palau Sant Jordi de Barcelona. El pádel dejó de ser un fenómeno concentrado principalmente en España para consolidarse como un producto deportivo con proyección internacional.
La propia Federación Internacional de Pádel refleja este crecimiento. En apenas unos años, el número de federaciones nacionales afiliadas ha aumentado de forma constante y el pádel supera ya los 30 millones de jugadores aficionados repartidos por más de un centenar de países, una cifra que continúa creciendo impulsada por la construcción de nuevas instalaciones y la llegada de patrocinadores internacionales.
Este crecimiento también se percibe en el calendario competitivo. Si hace apenas una década la mayor parte de las pruebas se disputaban en territorio español, actualmente el circuito recorre cuatro continentes y organiza torneos en países como Italia, Francia, Bélgica, Finlandia, Paraguay, México, Chile, Argentina, Catar o Emiratos Árabes Unidos.
La internacionalización ha beneficiado tanto al circuito masculino como al femenino. Sin embargo, el aumento de la exposición mediática no ha eliminado todas las diferencias existentes entre ambos.
Cuando la igualdad va más allá del premio económico
Uno de los aspectos que más ha evolucionado durante los últimos años ha sido el reparto de premios económicos.
Premier Padel ha incrementado progresivamente la dotación económica de sus torneos y ha reducido parte de la distancia existente entre hombres y mujeres. En los Majors, la categoría más importante del circuito, el reparto económico es equivalente para ambos cuadros, un avance que hace apenas unos años parecía difícil de imaginar.
Sin embargo, reducir el debate únicamente al prize money sería simplificar una realidad mucho más compleja.
La mayoría de jugadores profesionales no viven exclusivamente del dinero que obtienen en competición. Los contratos con marcas deportivas, patrocinadores, acuerdos publicitarios, clínicas, exhibiciones o colaboraciones comerciales representan una parte muy importante de sus ingresos anuales.
Es precisamente ahí donde muchas jugadoras consideran que continúa existiendo la mayor diferencia.
Mientras las principales figuras del circuito masculino firman contratos millonarios con marcas internacionales, el mercado del patrocinio femenino todavía ofrece menos oportunidades económicas y una menor capacidad de negociación. La consecuencia es que muchas jugadoras dependen en mayor medida de los resultados deportivos para poder financiar viajes, entrenadores, fisioterapeutas o desplazamientos internacionales.
La visibilidad se convierte así en una pieza clave dentro del modelo económico del deporte.
Cuanto mayor es la audiencia de un partido, mayor es el interés de las marcas. Cuanto mayor es la presencia en televisión y redes sociales, más posibilidades existen de atraer patrocinadores. Por eso, las reivindicaciones de muchas jugadoras no se centran únicamente en cuánto cobran al ganar un torneo, sino en las oportunidades que genera disputar un partido en el horario de máxima audiencia.
Las asociaciones de jugadores: una negociación permanente
El crecimiento del circuito también ha venido acompañado de una mayor organización por parte de los propios deportistas.
La Professional Padel Association (PPA) representa a los jugadores profesionales masculinos, mientras que la International Padel Players Association (IPPA) agrupa a las jugadoras del circuito femenino. Ambas asociaciones mantienen un diálogo constante con Premier Padel y la Federación Internacional de Pádel para negociar cuestiones relacionadas con el calendario, la estructura de las competiciones, los cuadros de clasificación, la organización de los torneos o las condiciones económicas.
Durante los últimos meses, estas negociaciones han cobrado especial importancia. Las reuniones mantenidas entre las asociaciones y Premier Padel han dado lugar a varios cambios en el circuito, como el mantenimiento del tamaño de los cuadros femeninos, modificaciones en algunas pruebas P2 y un incremento progresivo de los premios económicos en determinadas categorías.
Aun así, las asociaciones consideran que el margen de mejora continúa siendo amplio. La igualdad de oportunidades, la planificación de horarios, la exposición televisiva y la participación de los deportistas en la toma de decisiones siguen siendo algunos de los principales asuntos sobre la mesa.
En este contexto, la reivindicación de las jugadoras ya no consiste únicamente en reclamar mejores premios. El debate se ha desplazado hacia un concepto mucho más amplio: la igualdad de condiciones para desarrollar una carrera profesional.
Porque un circuito profesional no se construye únicamente repartiendo premios.
También necesita garantizar que quienes compiten tengan las mismas oportunidades para crecer, atraer patrocinadores y construir una carrera deportiva sostenible.

Las asociaciones de jugadores y jugadoras mantienen una negociación constante con Premier Padel para mejorar las condiciones del circuito profesional.

La evolución del pádel femenino demuestra que el crecimiento del deporte es una realidad. Sin embargo, las cifras y las decisiones institucionales solo cuentan una parte de la historia. La otra pertenece a quienes viven el circuito desde dentro: las jugadoras que intentan abrirse camino, los entrenadores que acompañan ese proceso y las nuevas generaciones que observan cómo el pádel cambia temporada tras temporada, pero todavía se preguntan si ese cambio es suficiente.
Mirando al futuro: el siguiente paso del pádel femenino

Las nuevas generaciones crecerán en un pádel muy diferente al de hace diez años. La incógnita es si también será un deporte más igualitario. Fuente: Elaboración propia.
Hace apenas unos años, pensar en un circuito profesional de pádel con pruebas repartidas por varios continentes, retransmisiones internacionales y escenarios emblemáticos parecía una meta lejana. Hoy esa realidad ya existe.
El crecimiento del deporte durante la última década ha sido incuestionable. La llegada de Premier Padel, la expansión impulsada por la Federación Internacional de Pádel (FIP) y la profesionalización de las competiciones han cambiado por completo la dimensión del pádel, situándolo como uno de los deportes de mayor crecimiento a nivel internacional.
Sin embargo, el desarrollo deportivo ha abierto un nuevo debate: cómo conseguir que ese crecimiento beneficie por igual al circuito masculino y al femenino.
Las entrevistas realizadas muestran que no existe una única respuesta.
Para algunas jugadoras, los avances son evidentes. Cada temporada aumenta la presencia del pádel femenino en las pistas centrales, las retransmisiones son más numerosas y el nivel competitivo continúa creciendo. La profesionalización ha permitido que muchas deportistas puedan dedicarse plenamente a este deporte y que las nuevas generaciones encuentren un camino mucho más definido que el de quienes comenzaron hace apenas diez años.
Pero ese optimismo convive con una percepción distinta.
Las diferencias en los patrocinios, la visibilidad, los horarios de competición o la capacidad para generar ingresos comerciales siguen siendo cuestiones recurrentes entre las propias protagonistas. Aunque los premios económicos han evolucionado favorablemente, especialmente en los torneos de mayor categoría, muchas jugadoras consideran que la igualdad no puede medirse únicamente por el dinero que reparte un torneo.
La intervención de Delfi Brea durante el Italy Major resume buena parte de ese sentimiento.
«Tenemos que cobrar lo mismo que ellos porque el esfuerzo es el mismo, la competencia entre nosotras es la misma, y creo que los entrenamientos, los viajes, los gastos, todo es todo igual.»
Sus palabras no representan únicamente una reivindicación económica. También reflejan el deseo de que el pádel femenino ocupe el espacio que considera haber ganado dentro del deporte profesional.
Esa aspiración también aparece en las declaraciones de las jugadoras más jóvenes.
Jana Montes imagina un futuro en el que «la gente apostara mucho más por nosotras y que el pádel femenino esté igual de visto que el masculino», mientras que Nerea Gómez confía en que las próximas generaciones encuentren un circuito donde «los mismos beneficios que tenga el hombre los tenga la mujer».
Las nuevas generaciones no solo aspiran a competir en Premier Padel. También esperan desarrollar su carrera en un entorno donde las oportunidades dependan del rendimiento deportivo y no de factores externos como la exposición mediática o la capacidad para atraer patrocinadores.
En ese camino, el papel de las instituciones será determinante.
Las decisiones que adopten Premier Padel, la FIP, los promotores de los torneos y las asociaciones de jugadores y jugadoras marcarán la evolución del circuito durante los próximos años. La organización de los horarios, el crecimiento del calendario internacional, la apuesta por el circuito femenino y la consolidación de nuevas inversiones serán algunos de los factores que condicionarán esa evolución.
No obstante, la responsabilidad no recae únicamente sobre las instituciones.
El aumento del interés por el pádel femenino también dependerá de la respuesta del público, de los medios de comunicación y de las marcas patrocinadoras. Cuanta mayor audiencia generen las competiciones femeninas, mayor será el atractivo comercial del circuito y más recursos podrán destinarse a su desarrollo.
En este sentido, el crecimiento del pádel femenino plantea una oportunidad poco habitual en el deporte profesional. A diferencia de otras disciplinas con estructuras mucho más consolidadas, el pádel todavía se encuentra en una etapa de expansión. Eso permite corregir desigualdades mientras el deporte continúa creciendo, en lugar de intentar resolverlas cuando el modelo ya está completamente establecido.
Quizá esa sea la principal conclusión que dejan todas las personas entrevistadas.
Ninguna de ellas pone en duda que el pádel femenino vive el mejor momento de su historia.
Las diferencias aparecen al valorar cuánto falta para alcanzar una igualdad real.
Algunas consideran que el camino recorrido ya es muy importante; otras creen que todavía queda mucho por hacer. Entre ambas posiciones existe un punto de encuentro evidente: el futuro del pádel femenino dependerá de las decisiones que se tomen hoy.
Porque el verdadero reto ya no consiste en demostrar que el pádel femenino merece crecer.
Ese debate parece superado.
El desafío ahora es conseguir que ese crecimiento vaya acompañado de las mismas oportunidades para todas las personas que forman parte del deporte.
Las voces del circuito: una misma realidad desde perspectivas diferentes

Cada vez más jóvenes llegan al circuito profesional, pero hacerlo sigue requiriendo una gran inversión económica y personal. Fuente: Instagram, @janaamontess
El precio de llegar a la élite
Convertirse en jugador profesional de pádel supone mucho más que entrenar y competir. Detrás de cada torneo hay desplazamientos internacionales, entrenadores, preparación física, fisioterapia, alojamiento y un calendario que obliga a viajar prácticamente durante todo el año.
Para quienes comienzan su carrera, esa realidad económica puede convertirse en el principal obstáculo.
Jana Montes, que con solo 18 años ya compite en pruebas de Premier Padel y del circuito FIP, reconoce que el apoyo económico resulta determinante para continuar creciendo dentro del deporte.
«Sí que la verdad económicamente me ha ayudado muchísimo para poder viajar y seguir con la carrera que quiero hacer.»
La jugadora explica que, además del rendimiento deportivo, existe otra necesidad constante: conseguir recursos para seguir compitiendo.
«Tienes que la gente te vea, tienes que, bueno, que ganar dinero, porque si no, no puedes viajar, así que hacer buenos resultados, ir a tope y eso hasta que te llaman la de arriba.»
Sus palabras reflejan una realidad habitual entre quienes todavía buscan consolidarse en el circuito profesional. El rendimiento deportivo continúa siendo el factor principal, pero sin apoyo económico resulta muy difícil mantener una temporada completa al máximo nivel.
Nerea Gómez, que con 16 años alterna los torneos de menores con el circuito FIP, también identifica el aspecto económico como una de las principales diferencias respecto al circuito masculino.
«No hay una igualdad, no existe una igualdad porque principalmente no se paga igual.»
La joven jugadora considera que la situación ha mejorado respecto a años anteriores, aunque insiste en que todavía existe un largo camino por recorrer.
«Creo que poco a poco se puede ver esa igualdad (…) aunque todavía falta un paso bastante grande.»
Las dos deportistas pertenecen a generaciones distintas, pero coinciden en una misma idea: el crecimiento del pádel femenino todavía no ha eliminado las diferencias económicas que condicionan el desarrollo profesional de muchas jugadoras.
La visibilidad: una cuestión que va mucho más allá de la televisión
Cuando se habla de igualdad en el pádel femenino, el debate suele centrarse en el reparto de premios económicos. Sin embargo, las protagonistas insisten en que la cuestión va mucho más allá del dinero.
Para la número dos del mundo, Delfi Brea, el verdadero reto pasa por garantizar una mayor exposición del circuito femenino.
Durante la rueda de prensa del Italy Major, la argentina señaló directamente a la organización de los torneos.
«Hay torneos en los que se intercalan horarios y hay torneos en los que no, en los que jugamos primero las chicas y después en los horarios centrales juegan los chicos. Eso para nosotras es la visibilidad, la televisión, es todo.»
La jugadora considera que Premier Padel debería establecer criterios obligatorios para evitar que los encuentros femeninos queden relegados a las primeras franjas del día.
«Premier Padel a veces forma parte de decisiones en las que nos tendría que priorizar mucho más y poner cosas que sean obligatorias y que no sean negociables.»
Brea entiende que una mayor presencia en los horarios de máxima audiencia repercutiría directamente en el crecimiento del circuito femenino.
«Tenemos que cobrar lo mismo que ellos porque el esfuerzo es el mismo, la competencia entre nosotras es la misma, y creo que los entrenamientos, los viajes, los gastos, todo es todo igual.»
Sin embargo, no todas las opiniones coinciden.
Jana Montes considera que el pádel femenino ha avanzado notablemente en este aspecto.
«Creo que sí, aunque dicen que el masculino tiene más visibilidad, yo creo que está bastante igualado. Hay mucha gente que realmente sí va a ver el pádel femenino.»
Dos percepciones distintas que reflejan que la igualdad también depende del punto de vista desde el que se analiza.

La asistencia de público y la programación de los partidos se han convertido en uno de los principales debates del circuito profesional. Fuente: Elaboración propia
El sacrificio que no aparece en las estadísticas
Más allá de los resultados deportivos, el pádel profesional exige una dedicación absoluta.
La transición desde el circuito de menores al profesional implica modificar hábitos, asumir nuevas responsabilidades y convertir el deporte en una profesión.
Jana Montes resume ese cambio con naturalidad.
«Aquí te tienes que sacrificar el doble, no existe esas tonterías. Aquí tienes que comer bien, tienes que entrenar todos los días, hay que estar 100% concentrado en los partidos.»
Esa visión coincide con la del entrenador Ángel González, que acompaña cada temporada a algunas de las mejores jugadoras del mundo.
Para él, el sacrificio no afecta únicamente a los deportistas.
«Tienes que dedicar muchas horas y dedicar muchas horas quita que puedas estar con tu familia o con tus amigos.»
Su trabajo implica recorrer prácticamente todo el calendario internacional.
«Tengo que viajar a todos los torneos y eso implica que todas las semanas tengo que estar fuera de casa.»
El entrenador madrileño también destaca que el deporte ha cambiado profundamente durante los últimos años.
«Cuando yo empecé era un poco más regional, más local. La principal diferencia es el crecimiento que ha tenido el deporte.»
Ese crecimiento ha elevado también el nivel de exigencia.
Hoy no basta únicamente con entrenar en la pista. Preparación física, psicología deportiva, nutrición, análisis táctico o gestión emocional forman parte del día a día de cualquier jugador profesional.
Las nuevas generaciones también debaten sobre la igualdad
Uno de los aspectos más interesantes de las entrevistas es comprobar que ni siquiera los jóvenes que aspiran a llegar a Premier Padel comparten una opinión única sobre la igualdad dentro del deporte.
Mientras Nerea Gómez define la situación actual con una palabra contundente:
«Injusticia.»
Izan Ranera ofrece una visión completamente diferente.
Para él, la mayor visibilidad del circuito masculino explica buena parte de las diferencias económicas.
«El pádel masculino tiene el doble de visibilidad que el femenino y al final, para mí eso suma.»
Aun así, también reconoce que el pádel femenino ha mejorado en los últimos años.
«El mayor avance ha sido más visibilidad.»
Incluso considera que los partidos femeninos pueden convertirse en una herramienta útil para quienes empiezan a practicar este deporte.
«Para aprender un deporte… debería haber pádel femenino antes que masculino. La bola va más lenta y se ve mejor la técnica.»
Las declaraciones de Ranera introducen un matiz relevante dentro del debate. No todas las personas vinculadas al pádel interpretan la igualdad desde la misma perspectiva. Precisamente esa diversidad de opiniones refleja que el deporte atraviesa un momento de cambio, en el que conviven avances evidentes con reivindicaciones que todavía siguen abiertas.
Las entrevistas muestran una realidad compleja. Ninguna de las personas consultadas niega que el pádel femenino haya experimentado un crecimiento extraordinario durante los últimos años. Sin embargo, tampoco existe una visión única sobre el punto en el que se encuentra esa evolución.
Mientras unas voces ponen el foco en las oportunidades que ha generado la profesionalización del circuito, otras recuerdan que la igualdad no puede medirse únicamente por el número de torneos o por el incremento de la audiencia. Factores como la capacidad para atraer patrocinadores, la organización de los horarios o las condiciones para desarrollar una carrera deportiva continúan marcando la diferencia.
El pádel femenino ha dejado de preguntarse si puede crecer. La cuestión que ahora plantea su propia evolución es si ese crecimiento será suficiente para construir un modelo profesional en el que las oportunidades dependan únicamente del rendimiento dentro de la pista.