Algunas de las pintadas del campus de somosaguas. / Fuente: Jorge Burillo.
Entre los estudiantes se vive un debate creciente sobre si los recintos universitarios siguen siendo un lugares de educación o de influencia ideológica en plena polarización política.
La universidad, históricamente concebida como un espacio de pensamiento crítico y libertad, se enfrenta hoy a una confrontación cada vez más incómoda: dónde termina la educación y dónde comienza un sesgo ideológico en un contexto marcado por la polarización.
En plena crisis social debido a la polarización, los jóvenes empiezan a adentrarse al mundo de la política, cada uno con una visión diferente pero condicionada tanto por lo que sucede como por lo que les cuentan y quiénes se lo cuentan. La universidad, un lugar para debatir y expresar opiniones, se ha convertido en lo contrario para varias personas, pues a lo largo de los años, tensiones políticas e ideales muy marcados, han favorecido al aumento de la tensión a la hora de debatir.
Para llegar al orígen del problema, hay que remontarse a la década de los 2000, durante el gobierno de Rodríguez Zapatero cuando la crispación empezó a hacerse notar. Varios fenómenos ocurrieron durante la primera década de este siglo, tales como la famosa crisis del 2008, la cual fue muy dura y afectó mucho a la forma de pensar de la sociedad de aquel entonces.
Sumando lo ocurrido a lo que denomina Lluís Orriols, profesor titular en el departamento de ciencias sociales de la Universidad Carlos III de Madrid, como “polarización afectiva”, una corriente de desafección hacia gente con ideales contrarios y no a propuestas diferentes, provoca que 20 años después el problema se haya agrandado exponencialmente hasta el punto de llegar a lugares donde esta clase de conflictos no fueron diseñados para ser disputados de la forma que lo son en lugares como las universidades.
Jennifer McCoy, catedrática de ciencias políticas de la universidad Georgia State, en Atalanta, advierte de la importancia y peligrosidad que la situación conlleva. En un artículo de la revista de ICIP (Instituto Nacional Catalán Internacional para la Paz) basa su argumento en dos claros enfoques, el peligro de la democracia y el perjuicio a la sociedad. Advierte de que en un punto concreto de la situación, resulta complicado el poder volver atrás, cuando la opinión de la gente no estaba tan dividida y la convivencia era mucho más sencilla.
Este fenómeno se agrava especialmente en el entorno universitario. Según informes del Ministerio de Universidades de España, las universidades públicas han sufrido recortes presupuestarios desde la crisis de 2008 que, en algunas comunidades autónomas, superaron el 15% en términos reales durante los años más duros. Esta falta de recursos, unida al aumento del número de estudiantes y a la precarización del profesorado joven, ha generado un clima de malestar estructural que sirve como caldo de cultivo para la confrontación ideológica.
Además, encuestas realizadas por el propio CIS señalan que más del 60% de los jóvenes considera que la situación política en España es “mala” o “muy mala”, lo que refuerza la idea de que el debate político no se percibe como un espacio de construcción, sino como uno de confrontación. En este contexto, las universidades, lejos de actuar como espacios neutrales de intercambio de ideas, se han visto arrastradas por la dinámica general de polarización, reproduciendo en sus aulas y campus las tensiones presentes en la sociedad.
Lucía Ortega: “me alejé de mi grupo de amigos porque me tachaban de facha todo el rato”
Lucía, estudiante del grado de Sociología en la Universidad Complutense de Madrid, cuenta testimonios vividos en primera persona que refuerzan la teoría de que la polarización en las aulas está más viva que nunca. Confiesa que tanto sus compañeros, con los que en un inicio tenía buena relación, como sus profesores, la señalaban por su ideal político, apartándose así de ese círculo social en el que había convivido durante los primeros meses de universidad.
“Mis notas bajaron por poner respuestas en exámenes que no gustaban”
La protagonista señala casos concretos en los que se sintió atacada debido a los comentarios que recibía de sus amigos, “eres una facha”, “por qué estás aquí si eres muy de derechas” o incluso miradas de desaprobación, que provocaban ese aislamiento social que la fue afectando tanto a ella como a su familia a medida que pasaba el tiempo. La víctima en cuestión, afirma que el problema traspasaba la pantalla de lo social para repercutir a lo académico, pues indicó en nuestra entrevista que en ciertos momentos sus calificaciones bajaron considerablemente con profesores concretos, a parte de recibir comentarios de ellos como “te tengo fichada”.
Con la decisión más que meditada, Lucía señala que será último año en ese grado para cambiarse tanto de carrera como de universidad debido a que la situación le sobrepasaba hasta el punto de no querer ir a clase a menos de que tuviese que realizar exámenes.
La polarización en su propio significado, hace referencia a la división de la sociedad por ideologías políticas, que en su mayoría, están enfrentadas a las de otras personas. El conflicto que se genera con este problema es semejante a una llama cuando está encendida. Sin embargo, ¿qué es aquello que enciende esa llama?

Los factores de influencia son muy importantes en este tipo de situaciones, tanto las redes sociales como la opinión pública representada en las calles contienen un mensaje por cual las personas pueden tomar como ejemplo de sus ideales y verse representados con ellos. El verdadero enigma de la cuestión es cómo en ciertos momentos, los docentes, aquellos que buscan enseñar y que deberían de ser “imparciales” o no deberían de mostrar a quien apoyan o su ideología durante el horario lectivo, sí lo hacen en ciertas ocasiones.
Casos como el de Lucía muestran la clara representación de lo que puede ser un “adoctrinamiento de ideas políticas” en el alumnado, hasta el punto de repercutir en sus calificaciones o directamente durante su estancia en las clases.
Gonzalo Garrido: “la universidad pública no es tan de izquierdas como se dice”
A estos testimonios se suman otras voces que aportan una visión más matizada sobre lo que ocurre dentro de las aulas universitarias. Gonzalo Garrido, estudiante de último curso del grado de Periodismo en la Universidad Complutense de Madrid, ofrece una perspectiva basada en su propia experiencia que cuestiona algunos de los estereotipos más extendidos.
Según explica, la idea de que la universidad pública está completamente dominada por una única ideología “está bastante exagerada”, destacando que existe una mayor diversidad de pensamiento de la que habitualmente se percibe. De hecho, aporta un dato llamativo, que es que “la mayoría de personas de mi clase son votantes de Vox y en segundo lugar del Partido Popular”, lo que rompe con la imagen tradicional de un entorno mayoritariamente de izquierdas.
“Podemos expresarnos con libertad, pero depende del profesor”
En cuanto al ambiente dentro del aula, Gonzalo señala que, en general, los estudiantes pueden expresar sus opiniones con libertad. No obstante, matiza que esta situación no es uniforme y que depende en gran medida del profesorado.
El entrevistado relata incluso experiencias personales en las que considera que su forma de pensar pudo influir en su rendimiento académico, afirmando que en determinados casos “la forma de pensar sí pudo repercutir en la calificación”, algo que, según indica, también habría afectado a otros compañeros.
“No hay una polarización extrema como se cree”
A pesar de estos episodios, sostiene que no existe una polarización extrema dentro de la universidad. En su opinión, la situación actual está más equilibrada que en etapas anteriores, y aunque pueden surgir tensiones puntuales, no representan la dinámica general del alumnado.
Además, subraya que el contexto varía en función de la facultad, indicando que en algunas, como Ciencias Políticas, el ambiente puede estar más ideologizado, mientras que en otras existe una mayor pluralidad de opiniones.
“La política universitaria se parece al Congreso”
Desde su experiencia en órganos de representación estudiantil, Gonzalo también establece un paralelismo entre la universidad y la política institucional. Según describe, en estos espacios “se vota en contra del adversario y se intenta desacreditar al otro”, reproduciendo dinámicas similares a las que se observan en el ámbito político nacional.
De este modo, su testimonio introduce un contraste con los casos anteriores, mostrando una realidad más compleja en la que conviven tanto situaciones de tensión como espacios de pluralidad y debate dentro de la universidad pública.
Adrián Salmerón: “La política actual es como un partido de fútbol: ataques de unos a otros”
Tras la reflexión anterior de Gonzalo, Adrián Salmerón, profesor y consultor que también ha estudiado comunicación política, plantea esta metáfora sobre la política actual. En los últimos años, España se ha polarizado cada vez más y, para Adrián, la cultura del debate se ha perdido. Lo argumenta diciendo que “en la política española solo hay enfrentamiento; no se debate ni se respeta”. Pero, ¿de dónde viene esta polarización extrema? Adrián comenta que la aparición de nuevos partidos ligados a los extremos ha tenido mucho que ver, entre ellos VOX y Podemos, ya que son los primeros en generar confrontación.
“Las redes sociales también generan polarización”
Para Adrián, la política no es el único factor. Señala a las redes sociales como otro de los culpables y lo justifica como “parte de la población se deja influenciar por lo primero que ve, y esto hace que no tenga una opinión crítica ni contraste distintas ideas”. Esto es un problema real: la sociedad actual lo quiere todo más rápido, lo que provoca precisamente lo que menciona Adrián. Muchas personas no dedican tiempo a reflexionar sobre lo que realmente piensan y se quedan con aquello que, a priori, les atrae, sin profundizar lo suficiente como para cuestionarlo o incluso cambiar de opinión.
José Manuel Fernández Velasco: “La universidad refleja la polarización, pero el problema es la confrontación”
Para ver la polarización desde otra perspectiva tenemos a José Manuel Fernández Velasco. Es licenciado en sociología. Tiene un máster en investigación social y cooperación al desarrollo. También es funcionario local de Aranjuez, director de servicios sociales especializados y ahora responsable de turismo, fiestas y tesorería. Además, es profesor adjunto de la Universidad Rey Juan Carlos en los grados de criminología y trabajo social. José Manuel ha impartido asignaturas como Servicios Sociales, Estado de Bienestar y Protección Social, Políticas de Igualdad o Inmigración e Internacional.
Explica que la polarización política hoy está más presente, sobre todo por medios y redes sociales, y que eso se acaba viendo también en la universidad, porque al final es un reflejo de la sociedad.
Esto se relaciona con casos como el de Lucía, donde las diferencias ideológicas acaban en señalamientos o incluso aislamiento, pero él insiste en que el problema no es debatir de política, sino cuando eso pasa a ser confrontación y falta de respeto.
Por eso defiende que la universidad tiene que servir para fomentar el pensamiento crítico y el diálogo, y evitar que las ideas terminen afectando a la convivencia o incluso a las notas.
“Llegaron 30 personas encapuchadas y con actitud violenta, entraron en la facultad rompiendo a su paso todo lo que encontraban’’
Estas fueron las declaraciones de Ignacio Martínez, profesor de Ciencias Políticas en la Universidad Complutense de Madrid. En ellas habla sobre lo que ocurrió en la facultad el viernes previo al 8-M. Ese día se celebraron actividades en el Campus de Ciudad Universitaria con motivo del Díade la Mujer; aprovechando que el Campus de Somosaguas estaba vacío, un grupo de encapuchados llegó y empezó a destrozar carteles conmemorativos.
Intentaron colgar una pancarta que decía algo como«Rechaza el feminismo, abraza la feminidad», junto al símbolo de la Falange Española. A pesar de no ser testigo presencial de los actos, debido a que él se encontraba en su despacho, sí fue testigo de los destrozos ocasionados. Además, afirma estar casi seguro de que los asaltantes sabían que la facultad estaba vacía, ya que se dirigieron a un aula específica autogestionada por los estudiantes y la destrozaron.
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“Os invitaría a que vinieseis a cualquiera de nuestras clases’’
Ignacio considera que la propia facultad tiene una visión negativa desde fuera de la universidad. Al ser un centro público y centrarse en la disciplina de Ciencias Políticas, se genera una imagen exterior muy distinta a la realidad interna. El profesor afirma que sí existen debates, pero que estos son positivos, ya que constituyen una forma de poner en práctica la lección; de hecho, muchos de los discursos son apasionados y están muy bien argumentados.
Si bien es cierto que, como en cualquier carrera, la discusión puede desviarse del hilo conductor, él subraya que su función como docente es actuar como mediador para reconducir el debate. En su opinión, son situaciones totalmente normales y manejables a la hora de abordar temas políticos en el aula.
“No es normal que haya pintadas en las universidades”
Así se expresa Adrián sobre las pintadas presentes en distintas universidades madrileñas, como la Complutense, de las que no ha hablado antes Ignacio Martínez, donde algunos baños están llenos de mensajes subliminales y reivindicaciones políticas. Describe el campus de Somosaguas y sus instalaciones como “vandalizadas”.

La mayoría de estas pintadas consisten en ataques a ideas contrarias, y Adrián extrae una reflexión al respecto, que es que “en España se etiqueta y se prejuzga de primeras”. Esto último refleja una realidad: términos como “facha”, a los que hace referencia Adrián, se utilizan como etiquetas para definir a alguien con quien no se está de acuerdo ideológicamente, especialmente desde posiciones de izquierda, aunque esa persona no tenga por qué ser fascista. Esto evidencia que, en muchas ocasiones, se juzga sin conocer realmente la opinión o los ideales del otro.
La división social se hace notar cada día más , hasta el punto que su fin suena a un mito imposible de cumplirse. La sociedad y las nuevas generaciones últimamente parecen estar aún más enfrentadas y mucho más centradas en generar conflictos a la hora de debatir, algo que cada vez se vuelve más imposible. Con esto, nos planteamos una pregunta: ¿cambiará la situación actual de polarización a la que se enfrenta España?