Después de un intenso año de estudios y exámenes, los alumnos de segundo de bachillerato se enfrentan a una última prueba, la selectividad, donde se decidirá el futuro de muchos de estos alumnos, y donde se verá si sus esfuerzos dan frutos.

Facultad de Ciencias Biológicas de la UCM, una de las facultades donde se ha hecho la PAU 2026. / Fuente: Creative Commons
La práctica hace al maestro
Una de las ventajas de tener un año tan intenso, con tanta presión a lo largo del curso, es la buena preparación con la que los alumnos llegan a la PAU, con horas y horas de estudio y prácticas en el aula, que les permiten llegar más tranquilos, y hacer el examen más tranquilos, con la calma que requiere, y sin unos nervios que en ocasiones pueden jugar malas pasadas. Así lo han comentado los alumnos de segundo de bachillerato, que cuentan como llevan la selectividad durante estos días tan estresantes para algunos.
En estos días de tanto estrés, algunos de los profesores del Colegio Arcángel Rafael, cuentan que como han preparado a sus alumnos para este reto que define su futuro académico, y que recomiendan para controlar los nervios de última hora.
«La clave para llevar bien preparada la selectividad es sin duda hacer exámenes en formato PAU, para que los alumnos tengan una idea clara de lo que les espera esta semana»
Comenta Francisco Javier Fernández, profesor de Historia de España de bachillerato del Colegio Arcángel.
«Creo que es una semana en la que tienen la cabeza loca y tienen mucho en lo que pensar, así que llegar a casa después de cada examen y tumbarse un rato a desconectar y olvidarse de la PAU»
La recomendación que dio Sara Jiménez, profesora de matemáticas de la ESO y bachillerato del Colegio Arcángel.
Organización de estudios y calendario
Durante las semanas previas a la PAU, muchos estudiantes miran la organización como una de sus principales herramientas para afrontar los exámenes. Elaborar un calendario de estudio detallado, repartiendo los contenidos por asignaturas y fijando objetivos diarios, con el fin de tenerlo todo más estructurado, se ha convertido en una práctica habitual para aprovechar al máximo el tiempo disponible. Algunos estudiantes afirman madrugar, y suelen comenzar temprano, mientras que otros prefieren extender las sesiones hasta la noche. No obstante, los profesores insisten en la importancia de incluir descansos regulares para evitar el cansancio y mantener un buen rendimiento a lo largo del día. Además de las horas dedicadas a repasar apuntes y realizar exámenes de años anteriores, muchos estudiantes también prestan atención a aspectos como el descanso nocturno, o la práctica de ejercicio físico, con el fin de darle un respiro a la mente, y llegar mucho más relajados a los exámenes.
Además de la preparación individual, muchos alumnos encuentran apoyo en sus compañeros durante estas semanas. Los grupos de estudio, y las academias se han convertido en espacios donde resolver dudas, compartir apuntes y aclarar posibles preguntas de los exámenes. También es frecuente que los estudiantes adapten sus rutinas habituales, reduciendo el tiempo dedicado al ocio o a las redes sociales para centrarse en su principal objetivo.
El peso del futuro sobre sus hombros
Más allá de los propios exámenes, uno de los mayores motivos de estrés para muchos estudiantes son las notas de corte, que varían según la universidad. En titulaciones con una demanda muy alta, como Medicina, algunos dobles grados o determinadas ingenierías, unas décimas pueden marcar la diferencia entre conseguir plaza o quedarse fuera. Esta situación provoca que muchos alumnos afronten cada prueba con la sensación de que cualquier error puede tener consecuencias importantes para su futuro académico, aumentando la presión en unos días ya de por sí exigentes. A eso se le suma una PAU diferente de años anteriores, que por si fuera poco, aumentan más la presión y la incertidumbre de los alumnos a la hora de saber que les va a caer este año.
Además, la incertidumbre mientras esperan las calificaciones de la PAU también contribuye a ese estrés y presión tan intensas. Aunque las notas de corte no se conocen hasta que finaliza el proceso de admisión, muchos alumnos revisan las notas de corte del año anteriore para calcular sus posibilidades de acceder a la carrera que quieren. Esta incertidumbre, unida al esfuerzo acumulado durante meses de preparación, hace que afronten cada examen con aún más presión y nervios.
La PAU es la etapa decisiva de la vida académica de los estudiantes, donde el esfuerzo, los nervios y incertidumbre son factores clave, que juegan un papel fundamental durante esta semana. Más allá de las notas o las pruebas, lo que destaca es el impacto de una semana que estos jóvenes nunca olvidaran, donde se separa su niñez y adolescencia, con el comienzo de la vida universitaria, con nuevos retos, y obstáculos que superar.