Los hábitos de estudio adquiridos en Bachillerato no suelen estar a la altura de la universidad, y con la llegada de los exámenes finales, los alumnos de nuevo ingreso buscan la manera de dar la talla
Los estudiantes universitarios afrontan dos de los meses más complicados del curso escolar: mayo y junio. Al finalizar el segundo cuatrimestre, deben reflejar en sus exámenes finales lo aprendido durante el año, y demostrar que serán capaces de encarar su futuro profesional. Son semanas complicadas, en las que muchos factores, como las horas de sueño, la planificación o la gestión del estrés, influirán directamente en sus resultados académicos. Para aquellos alumnos que hacen frente por primera vez a la vida universitaria, el reto es doble, puesto que deberán cambiar y adaptar su método de estudio a una nueva realidad académica.
Por lo tanto, la transición de Bachillerato a la educación superior puede ser complicada. La universidad requiere que sus integrantes sean autónomos, tengan una mejor capacidad de organización a largo plazo y que sean capaces de aprender y retener conceptos de forma permanente. Según el estudio Patrones de aprendizaje, estrés académico y rendimiento en universitarios de primer curso, realizado por la Universidad Autónoma de Barcelona, uno de los grandes problemas que presentan los alumnos de nuevo ingreso es la existencia previa de determinadas tácticas o costumbres de estudio, que son insuficientes para ajustarse a las exigencias de la universidad. Estas tácticas reciben el nombre de patrones de aprendizaje.
Patrones de aprendizaje
Los patrones de aprendizaje consisten en la combinación de estrategias y creencias que el estudiante adopta, y en torno a la cual se configura una manera concreta de estudiar. Uno de los patrones más repetidos entre los alumnos de instituto es el dirigido a la reproducción, que se caracteriza por priorizar la memorización sobre la comprensión y por concebir el aprendizaje como una acumulación de la información.

Este es el problema de Inés, estudiante de 1º del grado de Física, en la Universidad Autónoma de Madrid. Acostumbrada a sacar sobresalientes en el instituto y después de obtener muy buenos resultados en la prueba de acceso a la universidad, lamenta que esos años no le hayan servido como preparación para la universidad. “Yo considero que bachiller no me ha aportado ningún método de estudio ni nada para la carrera. He tenido que empezar totalmente de cero (…) Ciertas cosas como las demostraciones, la manera de dar la clase y dar el contenido son completamente diferentes”, explica. Al arrastrar a la universidad el patrón dirigido a la reproducción, alumnos como Inés necesitan volver a aprender cómo estudiar, un proceso que puede durar meses, e incluso años. “Todavía no he encontrado muy bien la solución porque me ha quedado la mitad del curso”, comenta la joven.
«He tenido que empezar totalmente de cero», expone una alumna de primero de grado.
Cabe mencionar que cada grado es diferente, y requiere una forma de afrontarlo distinta. Mientras que para Inés es fundamental comprender los procesos, las operaciones y la resolución de problemas, Manuela necesita saber analizar conceptos y relacionarlos. Manuela es una estudiante de primer año de Filosofía, de la Universidad Complutense de Madrid. Uno de los principales cambios que ella ha vivido es el aumento en el volumen de contenidos a aprender. “Tengo que estudiar muchísimas caras, pero ahora ya no me lo aprendo todo de memoria”, reflexiona la alumna.
Herramientas de estudio
Para reforzar estos patrones de aprendizaje, los alumnos tienden a recurrir a herramientas como esquemas, flashcards o resúmenes. Cada estudiante escogerá unas u otras en función de sus capacidades y preferencias, pero hay una herramienta fundamental y muy potente para todos: la planificación. Mientras que en la educación secundaria postobligatoria las evaluaciones y pruebas son muy frecuentes, la universidad suele concentrar todos los exámenes del curso en dos grandes periodos, uno en enero y otro en mayo, más las recuperaciones de junio. Por esta razón, es necesario que los alumnos de primero estudien desde el principio de manera constante. Convertir en hábitos la planificación semanal, la revisión de apuntes y la fijación de objetivos a corto y medio plazo es uno de los caminos más efectivos que pueden tomar estos estudiantes para superar con éxito la transición a la vida universitaria, indica el estudio de la UAB.
Una buena planificación permite profundizar en los contenidos tratados en clase, y consolidar conocimientos que los futuros profesionales necesitarán el día de mañana. Además, evita los errores más comunes, según el estudio, que hacen que el rendimiento académico baje. Entre ellos están la mala gestión de los horarios universitarios (más flexibles que los escolares), la baja asistencia a clases o la acumulación de estudio para los días previos al examen.
Los alumnos son muy conscientes de la importancia de una buena organización. Juan estudia primero de Arquitectura en la Universidad Politécnica de Madrid, y al preguntarle qué es lo más estresante de la temporada de exámenes lo tiene claro. “El peor momento es el justo anterior a la época de exámenes, que es planificarse todo. Para mí es lo más agobiante”, relata.
Horas de estudio
En los meses de enero y de mayo, las bibliotecas se llenan. Madrugar para coger sitio, comer fuera de casa para ahorrar tiempo y estudiar en grupo son las medidas más utilizadas por los estudiantes. Son unas semanas intensas, en las que lo más común es pensar que, cuanto más tiempo se estudie, mejor preparado se está. “Duermes menos y comes menos, porque estudias más (…) Me dedico solo a estudiar durante los exámenes”, cuenta Juan. “No paro de estudiar, no veo a mis amigos, a mi novio, a mi familia… echo de menos poder llevar una vida normal y hacer planes”, dice Manuela al hablar de cómo cambia su rutina en este tiempo.

Sin embargo, el estudio sobre patrones de aprendizaje revela que el éxito académico no se encuentra en las largas horas de estudio, sino en la buena gestión y aprovechamiento del tiempo. Aquellos que adoptan el patrón de estudio dirigido al significado, es decir, los que autorregulan su aprendizaje y comprenden lo que estudian, demuestran estar mejor preparados para los exámenes finales universitarios.
Superar el primer curso universitario es todo un reto, y aprobar las asignaturas, una parte de él. La adaptación es un proceso gradual, que permitirá a los estudiantes adquirir habilidades y conocimientos que van más allá de los exámenes: les enseñarán a desempeñar un empleo, y les acompañarán en cada uno de sus trabajos. Cada uno lo vive a su manera, y en cada titulación el trayecto es distinto, pero todos comparten algo: la necesidad de aprender a aprender.