Según un estudio internacional de salud mental realizado por AXA en 2025, elaborado a partir de 17.000 encuestas en 16 países (entre ellos España), la salud mental se ha convertido en un problema importante en la población, especialmente entre los jóvenes españoles. En ellos los niveles de ansiedad, estrés y depresión muestran un aumento significativo en los últimos años
Vídeo reportaje sobre la salud mental en los jóvenes / Fuente: Propia
El estudio refleja que este problema ha ido aumentado en la población española, pero los más afectados son los jóvenes. Según AXA, el 25% de las personas entre 18 y 24 años dice tener estados de depresión, el 70% estrés y el 9% ansiedad. Mientras el 64% de la población dice que es susceptible de sufrir ansiedad, estrés o depresión en España, entre las personas jóvenes asciende al 85%. Además, el 41% de las personas entrevistadas en España dijo tener que haber recurrido a ayuda profesional con medicación, el país con mayor uso de fármacos de la muestra.
Depresión y ansiedad
La Organización Mundial de la Salud (OMS) informa que cada año mueren más de 120.000 personas en Europa a causa del suicidio, significando más de 300 personas al día. Además, el suicidio es la principal causa de muerte en los jóvenes de entre 15 y 29 años. La razón más común por la que suceden estos casos son la ansiedad, el estrés y la depresión. Estas pueden compartir algunos síntomas, como los cambios de ánimo muy repentinos, o la preocupación y miedo excesivos. También pueden influir en la asistencia a la escuela, el estudio y el rendimiento académico, pudiendo llevar al aislamiento y la soledad. En el caso específico de la depresión, es la más propensa a llevar al suicidio.
En España, según los datos más recientes del Ministerio de Sanidad, el 23,2% de las chicas y el 12,2% de los chicos de 11 a 18 años presentan síntomas relacionados con la ansiedad. Estos síntomas son entre otros, nerviosismo, irritabilidad o dificultad para dormir. Las personas que pueden estar sufriendo de ansiedad pueden sentir preocupación constante y miedo excesivo en situaciones sociales o, lo más común, a cometer errores. Por otro lado, un 17% de las chicas y un 7,3% de los chicos de 11 a 18 años muestran síntomas relacionados con la depresión. Los síntomas más frecuentes son el consumo de sustancias nocivas, el aislamiento social y la baja autoestima. Además de que puede llegar al bajo rendimiento académico, esta enfermedad también podría generar desmotivación, cambios en los hábitos alimenticios o de sueño, y en casos muy graves, pensamientos suicidas. Esta información del Ministerio de Sanidad concuerda en la mayoría de los síntomas y consecuencias con la OMS.
Como se puede observar en estos datos, las chicas son las más afectadas por estas dos enfermedades. Según Elisa Seijo, psiquiatra infantil y de la adolescencia, las chicas se ven afectadas debido a que comunican más sus problemas y también porque les afecta más lo que les ocurre. Los factores más comunes que suelen influir en la aparición de la depresión y la ansiedad son la presión académica, problemas familiares y el uso excesivo de las redes sociales. En una entrevista realizada a Ana White, psicóloga general sanitaria y neuropsicóloga clínica, señala que uno de los factores más peligrosos es el abusar del uso de las redes sociales. De hecho, Ana cree que una de las medidas que deberían de tomarse para mejorar la salud mental en los jóvenes sería “reducir el consumo de redes sociales”.
Según un estudio de la Universidad Internacional de La Rioja publicado en 2025, las hospitalizaciones de adolescentes por depresión en las dos últimas décadas han incrementado un 1200% respecto al año 2000. En ese año se registraron 173 casos, mientras que en el año 2021 incrementaron hasta casi 1800. En el estudio, Eduardo González-Fraile, psicólogo clínico especializado en neuropsicología, afirma que «este aumento puede estar relacionado con algunos fenómenos sociales y culturales como una mayor incertidumbre en sus futuros personales, académicos y sociales tras la crisis económica del 2008». También sostiene que el uso excesivo de las redes sociales ha influenciado en este aumento tan masivo. Por último, asegura que el covid-19 empeoró aún más la situación debido a la cuarentena, ya que las personas sufrían mayor riesgo de aislamiento social, incertidumbre y al menor contacto con amigos y familias.
Estrés
El estrés es otra de las patologías más preocupantes causadas por esta mala calidad de salud mental. El estudio anual de Ipsos, indica que un 61% de los encuestados reconoce que su misma vida diaria se ha visto afectada debido a su grado de estrés. Y de este porcentaje, sobresalen las mujeres con un 37%. Si se pone el foco en los grupos de edad más jóvenes, un 40% de ellos pertenecen a la generación ‘’millennial’’ y un 36% a la generación Z. Conociendo esta información, son precisamente los jóvenes de esta generación quienes más han faltado a sus respectivos empleos y aquellos que más recurren a autolesionarse o a suicidarse. Según el citado estudio, representan el 17% y el 12% respectivamente. Sin embargo, ellos, los de la generación Z, son los que mayor predisposición muestran a dejarse ayudar. Un 33% de estos, hizo uso de su vínculo más cercano, mientras que un 17% optaron por ayuda profesional.

Concretamente, por grupos de edad, los jóvenes de entre 18 y 24 años son los que tienen peor situación mental. De entre este baremo, un 25% afirma sufrir estados de depresión muy graves y el 9% estrés, el mismo porcentaje de 24 a 35 años y el triple que los de 35 a 44. Centrándonos en el primer baremo de edad (18-24), un 70% afirma sufrir estrés en comparación con el 64% de la población global.
Por otro lado, ha sido estudiado y reportado que las mujeres tienden a sufrir más estrés que los hombres debido a la combinación de factores biológicos, psicológicos y sociales que interactúan entre sí. A nivel biológico, su sistema hormonal influye en cómo responden al estrés, pudiendo generar reacciones más intensas o prolongadas. En el plano psicológico, tienden con mayor frecuencia a darle vueltas en la cabeza a sus problemas e inquietudes, lo que amplifica la sensación de estrés. Pero uno de los factores más determinantes, es el social: suelen estar sometidas a más expectativas simultáneas como el rendimiento académico o laboral, vida social, o imagen personal, lo que genera una presión constante. Además, expresan más abiertamente su malestar y buscan ayuda con mayor frecuencia, lo que hace que el estrés sea más visible en comparación con el de los hombres.
Las causas principales de que los jóvenes, tanto en hombres como en mujeres sufran altos niveles de estrés se debe a un contexto de su vida muy exigente. Factores como la presión académica, la dificultad para acceder a empleo estable y la sensación de no tener un futuro claro crean una gran incertidumbre y preocupación. A esto se suma el impacto de las redes sociales, que fomentan la comparación continua y expectativas poco realistas sobre el éxito y unos estándares de vida a los que no llegan. También influye el ritmo de vida acelerado y estímulos continuos, que dificultan el descanso mental. Por ello, muchos jóvenes sienten que deben tener su vida resuelta a una edad temprana, lo que provoca frustración y ansiedad cuando esa expectativa no se cumple.
¿Cuáles son las principales causas de esta mala calidad de salud mental?
Tanto la ansiedad como la depresión son los dos factores más demandados en consulta y son de diversos tipos. Los primeros de ellos, son factores sociales. Estos, proceden de la expectativa tanto sobre adultos, como de jóvenes especialmente. También se muestran factores de carácter familiar. Estos vínculos y sistemas de relación más cercanos podrían estar favoreciendo y facilitando el mantenimiento de problemas de ansiedad o incluso depresión. Zuriñe Mengual, especialista en psicología educativa y psicopedagogía, en Positivamente, reconoce que la existencia de un familiar con problemas de salud mental, podría llegar a ser perjudicial y hasta contagioso.
También se identifican, factores de tipo académico. Estos se relacionan con la presión y la exigencia escolar sobre la juventud. Esa exigencia sobre conseguir un resultado influye negativamente en la calidad emocional de un adolescente. Los factores laborales actúan de manera perjudicial debido, también a esta presión. Pero sobre todo, Zuriñe pone el foco en factores de tipo tecnológico, especialmente las redes sociales. Esa llegada de las nuevas tecnologías, así como su rápido avance, causan un significativo aumento de trastornos mentales en jóvenes y los que no lo son tanto.
¿Qué medidas pueden tomar los estudiantes universitarios?
En el caso de los jóvenes universitarios, es importante aplicar medidas específicas que tengan en cuenta su situación, ya que se enfrentan a cambios importantes como la independencia, la presión académica o la incertidumbre sobre el futuro. Una de las principales medidas sería adaptar mejor la carga académica y los sistemas de evaluación. Muchas veces, el exceso de trabajos y exámenes concentrados en poco tiempo genera altos niveles de estrés, por lo que una mejor organización del calendario académico podría ayudar a reducir esa presión.

Otra medida clave sería mejorar los servicios de orientación dentro de las universidades. No solo en el ámbito académico, sino también en el personal y emocional. Contar con profesionales accesibles y cercanos puede facilitar que los estudiantes pidan ayuda antes de que sus problemas empeoren.
También sería importante fomentar la participación en actividades extracurriculares, como deportes, voluntariado o asociaciones estudiantiles. Estas actividades ayudan a desconectar de la rutina académica, favorecen las relaciones sociales y mejoran el bienestar emocional.
Además, se debería trabajar en la formación de los profesores para que puedan detectar señales de alerta en sus alumnos, como cambios en el comportamiento, falta de asistencia o bajada del rendimiento. De esta forma, podrían actuar como un primer punto de apoyo y derivar a los estudiantes a los servicios adecuados.
Por último, sería útil facilitar ayudas económicas o becas más accesibles, ya que muchos estudiantes sufren ansiedad por problemas económicos. Reducir esta preocupación puede tener un impacto directo en su salud mental y en su rendimiento académico.
Situación a futuro
En los próximos años, la salud mental probablemente seguirá siendo un problema importante en España, sobre todo entre los jóvenes. Si no se toman medidas claras, cada vez más personas necesitarán ayuda psicológica, lo que puede hacer que los servicios de salud se saturen y que sea más difícil acceder a ellos rápidamente.
Por otro lado, la tecnología tendrá un papel importante. Cada vez será más común el uso de aplicaciones móviles, terapia online o herramientas digitales para recibir apoyo psicológico. Esto puede ser positivo porque facilita el acceso a la ayuda, aunque también puede tener inconvenientes si no se usa correctamente.
Finalmente, poco a poco la sociedad irá hablando más abiertamente sobre estos temas. Esto fomentará que pedir ayuda sea algo más normal y a que las personas no sientan tanta vergüenza. En general, el futuro dependerá mucho de las decisiones que se tomen ahora para mejorar esta situación.

Como podemos observar, la salud mental juvenil en España no es un problema pasajero ni ligero, es una crisis global y recurrente fundamentada en datos. El aumento del 1200% en hospitalizaciones por depresión en las últimas 2 décadas, y del estrés en la juventud, nos deja una reflexión sobre cómo la sociedad acompaña a la generación del futuro.
Hay diversos factores que afectan negativamente a la salud mental, entre ellos la presión social y la exigencia escolar y laboral. Pero el factor que más perjudica a los jóvenes, según los expertos, es el uso excesivo tanto de las redes sociales como de las tecnologías en general. De hecho, la mayoría creen que una de las medidas más importantes que se deberían de tomar para disminuir los problemas de salud mental, sería limitar el uso de las tecnologías.
Sin embargo, detrás de cada cifra hay jóvenes que conviven a diario con depresión, ansiedad y estrés, y no siempre encuentran soluciones para poder evitarlo. Por eso, la solución no puede depender únicamente de cambios de vida individuales, sino de una transformación colectiva que implique instituciones, familias y al propio modelo social. La cuestión ya no es si este problema nos afectará en el futuro, sino qué estamos dispuestos a hacer ahora para evitar que siga creciendo.
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